Thursday, May 8, 2008

7. Mi espacio

Ocupamos un espacio sin percibir el lugar donde estamos. Un pasajero ocupa su lugar en un tren, un campesino en una cosechadora, un juez en un estrado... Y así distintos roles que piden diversos espacios. Pero no tenemos real noción de ese espacio. Somos más "cabeza" que "cuerpo". Vemos lo que imaginamos y no lo que estamos mirando.
Sin embargo, desde nuestro nacimiento, fuimos teniendo, poco a poco, noción del mundo que nos rodeaba. Al año de vida, puestos ya de pie, empezamos a investigar activamente el espacio circundante y luchamos con la fuerza de gravedad para mantener el equilibrio.
Luego, recorrimos el espacio y tuvimos conciencia de la direccionalidad. Empezaron a llamarnos la atención los objetos; los manipulamos, golpeamos, percibimos sus olores y sabores, los tiramos al suelo. Fue ahí que comenzamos a perseguir fines y fuimos adquiriendo un importante desarrollo motor y de coordinación.
A los 5 años investigamos el espacio aéreo, trepando escaleras, subiendo arriba de sillones, camas, sillas; también nos pusimos de pie sobre ellas y observamos, exploramos y saltamos. En la etapa escolar nuestra mente estuvo más dedicada al estudio que al juego. Si no hubo estímulo externo para seguir desarrollando la percepción de objetos y espacio, acabamos por perderla.
Y llegamos a la adultez sin real idea de nuestro cuerpo y del espacio circundante. Fue así que perdimos lo que con tanto afán habíamos ganado hasta los 5 años.

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