Saturday, May 10, 2008

LOS FERROCARRILES DE LA INDIA- gigantesca red nacional

Hace más de cuatro mil años, un grupo de albañiles fabricaba ladrillos en el norte de la India. Poco se imaginaban que aquellos ladrillos terminarían utilizándose en la gigantesca red ferroviaria del subcontinente.
LA RED ferroviaria de la India es gigantesca. Sus trenes constituyen el principal medio de comunicación en un país con más de mil millones de habitantes. Además de los desplazamientos cotidianos por causas laborales, la cultura tradicional de la nación exige que millones de personas que viven lejos de sus parientes realicen viajes frecuentes por motivos familiares, tales como nacimientos, fiestas, bodas o enfermedades.

Todos los días, un promedio de más de 8.350 trenes de pasajeros recorren 80.000 kilómetros con 12.500.000 usuarios, y los trenes de mercancías transportan más de 1.300.000 toneladas de carga. En conjunto, abarcan tres veces y media la distancia que nos separa de la Luna.

Estamos hablando de 6.867 estaciones, 7.500 locomotoras, más de 280.000 vagones de pasajeros y de carga, y un tendido de 107.969 kilómetros (incluidas las vías muertas). Se entiende, pues, que los ferrocarriles de la India den trabajo a 1.600.000 personas, la mayor plantilla de todo el mundo. Sin duda, una compañía gigantesca.

¿Cómo nació la gigantesca red?
¿Qué motivó la construcción del ferrocarril? ¿Cuándo se inició esta gran empresa? ¿Por qué se usaron en ella ladrillos de hace cuatro milenios?

A mediados del siglo XIX, la India producía grandes cantidades de algodón, que se llevaba por carretera a diversos puertos para su exportación. No obstante, este país no era el principal proveedor de dicha materia prima para los telares británicos, que la recibían principalmente del sureste de Estados Unidos. Sin embargo, las malas cosechas de 1846, seguidas por la guerra de Secesión (1861-1865), crearon la imperiosa necesidad de proveedores alternativos. La India fue la solución. Ahora bien, era preciso agilizar el transporte para mantener en marcha las fábricas de Lancashire (Inglaterra). Por esta razón se fundaron la Compañía Ferroviaria de la India Oriental (1845) y el Ferrocarril de la Gran Península India (1849). Asimismo, se firmaron contratos con la Compañía Inglesa de las Indias Orientales, la mayor empresa del subcontinente. Las obras avanzaron con rapidez, y el 16 de abril de 1853 se realizó el primer viaje por los 34 kilómetros de vías que unían el puerto de Bori Bunder (Bombay) con la ciudad de Thana.
Para ir de Bombay a los algodonales del interior, había que cruzar las escarpadas montañas de los Ghates Occidentales. Los ingenieros y los trabajadores británicos, junto con miles de obreros indios —a veces 30.000— laboraron sin la ayuda de la tecnología moderna. Valiéndose, por primera vez en la historia, de tramos en zigzag, lograron realizar un trazado en el que se ascendían 555 metros en solo 24 kilómetros. Abrieron también veinticinco túneles que en total sumaban 3.658 metros. Finalmente llegaron a la meseta del Deccán, con lo que el ferrocarril entró en funcionamiento. Las obras prosiguieron a buen paso por todo el país, alentadas no solo por el comercio, sino también por la necesidad de trasladar con rapidez tropas y personal al haber aumentado los intereses británicos en el subcontinente.
Los vagones de primera clase del siglo XIX permitían que unos pocos privilegiados sobrellevaran con cierta comodidad el calor y el polvo. Un vagón privado disponía de cama cómoda, baño e inodoro; mozos que llevaban desde el té matutino hasta la cena; un ventilador con una cubeta de hielo debajo para enfriar el ambiente; una barbería, y libros de la serie de la Biblioteca Ferroviaria de Wheeler, que contaba con las últimas novelas de Rudyard Kipling, autor nacido en la India. Louis Rousselet, quien viajó en la década de 1860, dijo que podía “recorrer distancias tan inmensas con relativamente poco cansancio”.
Crece la gigantesca red
Para 1900, los ferrocarriles indios eran los quintos del mundo en extensión. Las locomotoras, fueran de vapor, diesel o eléctricas, así como el material móvil —vagones incluidos—, ya no eran importados, sino de producción nacional. Había máquinas mastodónticas: locomotoras de hasta 230 toneladas, motores eléctricos de 6.000 caballos de fuerza e incluso un motor diesel de 123 toneladas y 3.100 caballos. En 1862 se introdujo el primer tren de dos pisos de todo el mundo. La India presume de tener el mayor andén ferroviario del planeta, el de Kharagpur (Bengala Occidental), con 833 metros, y los mayores andenes techados (300 metros cada uno), situados en Sealdah (Calcuta).
Los primeros trenes eran de vía ancha. Posteriormente, a fin de economizar, se adoptó la vía métrica (de un metro de ancho), además de la vía estrecha en las montañas. En 1992 se inició la Operación Unigauge, que hasta la fecha ha sustituido unos 7.800 kilómetros de vías de un metro o menos por otras de mayor anchura.
La red suburbana de Bombay transporta a millones de viajeros y siempre está atestada. En el metro subterráneo de Calcuta llegan a viajar 1.700.000 pasajeros diarios. Chennai (antes Madrás), por su parte, posee el primer tren elevado del país. Entre las últimas novedades figuran la reserva informatizada de boletos y los puestos de información multimedia. Sin duda, el ferrocarril indio es muy transitado y progresista.
Emocionantes “trenes de juguete”
A los colonos británicos les encantaba ir a las montañas para escapar del calor. La idea de llegar con prontitud a dichos lugares espoleó la construcción de ferrocarriles de montaña por los que circulaban “trenes de juguete”. Los viajes se hicieron más rápidos, en comparación con los desplazamientos a caballo o en palanquín. Por ejemplo, el “tren de juguete” del sur de la India, conduce a los montes Nilagiri, o montes Azules. Con una velocidad media de 10,4 kilómetros por hora, probablemente sea el más lento de la nación. Pero el recorrido es excepcional, ya que atraviesa las plantaciones de té y café de las montañas hasta llegar a Coonoor, a 1.712 metros de altitud. El trazado, del siglo XIX, tiene una pendiente que sobrepasa el 8% y comprende 208 curvas y 13 túneles. Para superar las rampas se emplea el sistema Abt de cremallera, que consiste en una especie de escalera de barras dentadas por las que sube la locomotora, situada al final del tren. Este trazado es uno de los más antiguos y más escarpados de todo el mundo que utiliza el sistema de cremallera y adherencia.
El Ferrocarril Darjeeling del Himalaya asciende por vías de solo 61 centímetros de ancho y con una pendiente del 4,4% hasta llegar a Ghoom, la estación más elevada de la India, ubicada a 2.258 metros sobre el nivel del mar. La ruta tiene tres vueltas en espiral y seis tramos en zigzag. En la sección más famosa, la curva de Batasia, el pasajero siente la tentación de saltar del tren en marcha, subir por entre la maleza y volver a montarse en él cuando haya pasado la curva. El emocionante viaje culmina con la vista del Kanchenjunga, la tercera montaña más alta del mundo. En 1999, la UNESCO catalogó a este ferrocarril como Patrimonio Mundial, lo que contribuirá a asegurar mejor su futuro.
La ciudad de Simla, capital de verano bajo el dominio británico, se encuentra a 2.200 metros de altitud. Para llegar a ella, el tren pasa por 102 túneles, 869 puentes y 919 curvas en tan solo 95 kilómetros. A través de las amplias ventanas y del techo transparente de fibra de vidrio se observan magníficas vistas. Efectivamente, estos “trenes de juguete” son una delicia. Sin embargo, como las tarifas se han mantenido bastante bajas, los ferrocarriles de montaña sufren grandes pérdidas. Los amantes del ferrocarril esperan que se halle una solución para salvar a estos emocionantes trenes.
Un gran trayecto
Se ha dicho que la llegada del ferrocarril a la India marcó “el fin de una era y el comienzo de otra”, y que “ningún plan de unificación ha logrado cohesionar tanto a la India como el tren”. Ciertamente es así. Si lo desea el lector, puede subirse a un tren en Jammu, en las estribaciones del Himalaya, y bajarse en Kanyakumari, en el extremo meridional de la nación, donde convergen el mar Arábigo, el océano Índico y el golfo de Bengala. Para entonces habrá recorrido 3.751 kilómetros a través de doce estados y habrá pasado sesenta y seis horas en el tren. Hasta si duerme en litera, el pasaje no le habrá costado ni 15 dólares. Además, habrá tenido la oportunidad de conocer a personas amigables y comunicativas de muchas culturas, y habrá visto gran parte de este fascinante país. Así que, haga su reserva y ¡buen viaje!

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